Cambio de Jefes de la Policía Federal. 7 abril 197
El mismo día, por la mañana, agentes de policía se presentaron en una casilla del Barrio Loyola, partido de San Martín, preguntando por Fernando Quinteros, secretario general de la comisión vecinal.
Los uniformados, que venían acompañados por personal de civil, golpearon la puerta y le dijeron al dueño que debía acompañarlos hasta la seccional. A la esposa de Quinteros la actitud le pareció sospechosa y por esa razón le dijo a su marido que les pidiese sus identificaciones. Uno de los sujetos vestido de civil le extrajo una cédula color celeste y acto seguido ordenó esposar al dirigente para conducirlo hasta dos automóviles que aguardaban estacionados fuera de la barriada.
Al ver que su padre era retirado con cierta brusquedad, los hijos mayores corrieron detrás y fue entonces que a cierta distancia vieron a los desconocidos quitarle las esposas y efectuarle tres disparos a quemarropa.
El dirigente cayó muerto sobre su propia sangre en tanto sus agresores abordaban los vehículos y se daban a la fuga.
La víctima venía recibiendo amenazas desde hacía varios días, al parecer de la misma Municipalidad, aunque en el barrio donde vivía sus compañeros de militancia manifestaron que se trataba de un peronista ortodoxo que había logrado erradicar a los montoneros y a otros exponentes de la “tendencia”.
| Fernando Quinteros poco antes de su asesinato. Al centro el lugar donde quedó tendido su cuerpo. A la derecha su hija mayor sufre un desmayo luego de presenciar el atentado (Imagen: «La Razón») |
Dada la escalada de violencia que vivía el país, el 7 de abril el general Miguel Ángel Iñíguez presentó su renuncia a la jefatura de la Policía Federal. Lo hizo aduciendo motivos de salud pero nadie pareció creerle, sobre todo al ver con qué rapidez se la aceptó el ministro del Interior.
La situación se hallaba desbordada, las acciones terroristas se sucedían una a otras de manera incontenible y las fuerzas de seguridad no daban a baso, de ahí la necesidad de un hombre que las nuclease y les diese incentivo.
Siguiendo instrucciones directas de Perón, Iñíguez dio un paso al costado y en su lugar fue designado Villar.
Dos días después de su dimisión, se reunió con Llambí para tratar al asunto a puertas cerradas y al salir del despacho, acompañado por los subsecretarios Esteban Rey y Antonio J. Menéndez, hizo algunas declaraciones a la prensa.
-Todavía no se ha designado a ninguna persona –le dijo a la prensa mientras se dirigía a su automóvil.
-¿Qué hay de la renuncia del comisario Margaride? – le preguntó otro reportero.
-¿De qué renuncia me habla? –fue la respuesta- No tengo ninguna noticia.
-Se dice que ha presentado su renuncia.
-No ha presentado nada, que yo sepa.
-¿Se va a aplicar algún dispositivo de seguridad para la celebración del día 1º de Mayo, como el que se puso en práctica el 12 de octubre al asumir el teniente general Perón?
-Ese dispositivo fue muy eficaz. El acto de asunción se realizó en absoluto orden y si ha sido bueno trataremos de que se haga. Se desea hacer una verdadera fiesta del pueblo, de los trabajadores. Como se ha dicho, trataremos de que estén representadas todas las tendencias políticas.
La prueba de que todo estaba digitado la dio el agasajo que Villar ofreció al jefe saliente ese mediodía, con motivo de su ascenso a general de división. Era otra señal de que la casa “estaba en orden” y los cuadros respondían a sus mandos.
Llegamos al 12 de abril cuando en un audaz golpe de mano, un destacamento del ERP secuestró al jefe del Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos en Córdoba, Alfred Albert Laun, de 36 años5.
La acción tuvo lugar a las 08:30 en la localidad cordobesa de Unquillo, a 30 kilómetros de la capital, cuando una docena de combatientes entre los que había al menos una mujer, irrumpieron en el domicilio de la víctima, situado en pleno barrio Lomas de San José. Lo hicieron en un automóvil Ford Fairlane ingresando por el patio de la vivienda, donde el funcionario estadounidense tenía estacionado su Fiat color azul. Después de establecer una guardia se introdujeron en la casa y al cabo de cinco minutos salieron nuevamente, llevando al cautivo herido en una pierna.
Una mujer que acertaba a pasar por la vereda fue reducida por la subversiva, quien la tomó de un brazo y le colocó la pistola 45 a la altura del rostro.
Laun fue subido a un rodado más pequeño, posiblemente un Fiat o un Peugeot y en el partió con sus secuestradores, seguido por otros vehículos. Sin embargo, unas horas después, apareció a orillas del río Primero en bastante mal estado.
Conducido a la Clínica Reina Fabiola, se pudo constatar que presentaba una herida de bala en la pierna derecha y que se le habían aplicado inyecciones para mantenerlo quieto. Era un hombre alto y corpulento y no debió resultarle fácil a sus captores reducirlo y trasladarlo de un lugar a otro.
Las pesquisas realizadas en su domicilio permitieron constatar que se le había robado un equipo transmisor marca Drake con su amplificador lineal. Laun era radioaficionado y por esa razón, poseía su señal internacional de llamada W9SZR,
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