«Los Principios», 30 de noviembre de 1897. Los destacados sonmíos.33

a las celebraciones de la historia nacional, cuya sede natural parece ser la ciudad capital del país (López, 2009).“La noche trovadoresca”: Rubén Darío en el Ateneo de Córdoba Y aquí se termina mi cuento sencillo No se si he sabido contároslo bien Mas visteis sin duda que éste es el castillo; Vosotros, los nobles, y el bardo, Rubén. “El bardo errante”48Hacia el final de su poesía, leída en el homenaje a Rubén Darío realizado por el Ateneo en octubre de 1896, Lascano Colodrero aclaraba la analogía que la había recorrido: en ella, el castillo era el Ateneo; los nobles, los socios presentes; y el bardo errante, el propio Darío. Rubén Darío había llegado a Buenos Aires en 1893, integrándose entonces al Ateneo porteño, fundado el año anterior (Laera; 2007). Su presencia en Córdoba se debía al encargo de La Nación, diario del que era asiduo corresponsal, de hacer la crónica de las fiestas nacionales de la Virgen del Rosario, además de a su deseo de visitar las sierras de Córdoba para reponer su salud. El Ateneo entonces tuvo una parte central en los homenajes al poeta nicaragüense, organizando una velada literaria en su honor. A su llegada a la ciudad, Darío fue recibido por un grupo numeroso de “señores formales pero todavía jóvenes” entre los que se reconocen algunos ateneístas. Según cuenta Capdevila, toda la “Córdoba intelectual” acudió a saludarlo: Tobías Garzón, Javier Lascano Colodrero, Amado J. Ceballos y, muy especialmente, Carlos Romagosa ,todos ellos miembros del Ateneo y el último, recomendado a Darío por Lugones48Poesía de Lascano Colodrero, incluida en Discursos y poesías leídos en la velada celebrada en honor de Rubén Darío el 15 de Octubre de 1896. Imprenta de Los Principios, 189634

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