Art «Un hipopótamo ocupa mucho texto»
Un hipopótamo ocupa mucho texto
La muerte de un gran mamífero en un zoológico de Palermo, en 1896, se multiplicaba en la prensa porteña. En Córdoba un redactor local se indignaba frente a tanta alharaca por parte de los diarios de la capital.
Por Víctor Ramés
Hipopótamo en el Zoológico de Londres, Anuario fotográfico de 1855
De los hipopótamos pueden decirse muchas cosas bonitas, para empezar la propia traducción de su nombre, que significa en griego caballo de río; y lo más triste sin duda que puede decirse es que la población de estos gruesos habitantes prehistóricos del planeta está en vías de extinción, debido a la explotación y pérdida de su hábitat. Aunque no es por el riesgo de desaparición de la especie que los diarios de Buenos Aires se lamentaban en enero de 1896, sino por un hecho más puntual: la muerte del solitario hipopótamo llamado Yeco, que habitaba contra su voluntad en el Jardín Zoológico de Palermo. Claro, eran las vacaciones de verano, todo estaba en receso y los periodistas tenían que seguir llenando sus páginas de actualidad. La noticia de la muerte del paquidermo multiplicada en la prensa referencial de la capital argentina, irritó el juicio de un cronista que pertenecía a la redacción del diario católico cordobés Los Principios, quien dedicó un texto a eso que él consideraba un absurdo periodístico.
El escriba en cuestión había nacido en Barcelona, España, en 1865, y su nombre era José Menéndez Novella. Se radicó en Córdoba y ejerció como periodista en varios medios desde 1890, escribiendo con el seudónimo León Floch (Bischof dixit). Más tarde publicó en el diario La Libertad y enseguida lo hizo en Los Principios, donde firmaba como Gil Guerra. En esta última publicación sostuvo una sección titulada «Dimes y diretes», que abordaba a veces con verso libre y otras en prosa, y siempre tenía algún toque mordaz para con los personajes de la política y otras ramas de la actividad profesional y social cordobesa.
Han quedado en la historia periodística local, testimonios del duelo escrito que se produjo en varias ocasiones entre Gil Guerra y su espejo crítico, Gil Paz, que no era otro que Leopoldo Lugones. El poeta de Río Seco había adoptado el seudónimo como signo elocuente para refutar el dispendio de conservadurismo de su rival. Esa actitud retardataria se manifestó una vez en expresiones improcedentes de Menéndez Novella sobre el poeta Rubén Darío, en ocasión de una recepción y homenaje al poeta nicaragüense en Córdoba, lo que provocó la necesidad de un desagravio, que se concretó y en el que participaron los literatos e intelectuales locales afines al portavoz del modernismo literario.
La reacción de Menéndez Novella en torno al tema del hipopótamo fallecido en los jardines de Palermo, aparece en el marco de aquella sección firmada como Gil Guerra. En ella se sueltan disparos contra los periodistas de Buenos Aires, por hacerse eco de tan poco tema en forma desmesurada, según el cronista cordobés. Lo indiscutible es que entretanto todos los hombres de la prensa tenían que llenar sus propias columnas:
“Dimes y diretesLos diarios más importantes de la República dedican largos artículos a la muerte prematura del hipopótamo Yeco que se exhibía en Palermo.A lo que parece Yeco si no era un héroe de la independencia, le faltaba poco.Luchadores insignes han fallecido sin que la prensa seria, (La Nación, La Prensa, El Diario) se preocupara como de ese paquidermo.Ni que los grandes periodistas bonaerenses fueran hipopótamos.Con seguridad que a la muerte de Guido Spano, poeta a ratos, no dedican los grandes diarios tanto espacio.Verdad es que la prensa de la Capital no hace más que halagar el gusto depravado de los habitantes de aquella gran ciudad, y estos se preocupan más de los animales del jardín zoológico y de lo que piensa o cree o se propone hacer el Dr. Pellegrini que del desarrollo de las bellas artes en Buenos Aires.”
El autor de la réplica cordobesa a las noticias del fallecido paquidermo, sugería que las mismas actuaban como “cortinas de humo” para los temas nacionales de candente actualidad entonces. Y luego ensayaba por la vía del absurdo la posibilidad de noticias que en realidad no lo eran, cambiando al pobre hipopótamo Yeco por animales domésticos, intentando mostrar por ese medio una desviación del periodismo en su deber de informar hechos pertinentes:
“Por este camino va a llegar el día que el fallecimiento prematuro de un canario dará tema a los maestros de periodismo para llenar sendas columnas, como si no hubiese asuntos más nobles e importantes que reclamarán la general atención,Y leeremos noticias por este estilo:«Ayer, entre once y doce de la noche falleció la distinguida gata del Dr… que respondia al nombre de Monina y era tan limpia que se lavaba la cara siete veces cada día.«A las 10 de la noche comió como de costumbre su ración de locro, al que era muy aficionada, cazó un ratón decadente, maulló llamando a sus tiernos hijuelos que han quedado sumidos en la más triste orfandad, y se acostó sobre unos trapos sucios que le servían de lecho, después de haber bebido agua fresca.«El distinguido doctor… que le ha hecho la autopsia, ha declarado que el fallecimiento se debe a una indigestión poética.«La preciosa gata se había comido, jugando, un pedazo de la Revista Científico Literaria donde había unos versos de Valdez Douglas, y la intoxicación se ha producido instantáneamente.«El médico ha prohibido a todo individuo de la raza felina la lectura de versos o historias, sean de Gil Paz, de Valdez o de Olmos.«Acompañamos en su dolor inmenso al distinguido propietario de Monina, deseándole resignación… Etc. etc. »O bien:«Ayer tarde a las tres verificóse el entierro de la distinguida lechuza Blanca que todas las noches se paseaba en la azotea de la casa de nuestro querido amigo X…La concurrencia, tan numerosa como conspicua, lamentaba a coro la temprana muerte etc.»¡Y decir que para esto inventó Gutemberg la imprenta!Oh! La prensa seria!Gil Guerra”
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