Durante el fin de siglo nos topamos, casi como si fuese una obsesión, con la figura de un héroe que parece vivir en un mundo enfermo y decadente. Universo que es imago del propio mal que se incuba en interior del artista y que le muestra como un inadaptado, un caso clínico con un cuadro patológico múltiple, dependiendo del capricho de su creador.

De todas formas, el sentimiento de decadencia (1), propio de esta época, le viene de muy atrás: del romanticismo, de Nisard, Péladan, Baudelaire, Gobineau, del triste espectáculo de una Francia derrotada por los prusianos, del darwinismo que justificaba el dominio del más fuerte y una selección natural en la que los valores de los latinos y su propia raza parecía declinar ante los pueblos del norte, en una nueva reedición de la caída del Imperio Romano, en la desmembración del Imperio colonial español, en los apoyos que la ciencia proveía a las teorías de la degeneración y la herencia, sin olvidar las enfermedades de la voluntad y el schopenhauerismo que se expande por Europa de forma incontrolable (2).

Anatole Baju en Le Décadent, texto que se ha de citar como síntoma y diagnóstico de una época indica los síntomas que definen la afección: el estado de decadencia en todas las instancias las religiones, las costumbres, la justicia, …-;»la sociedad se desintegra bajo el efecto corrosivo de una civilización delicuescente»; y el hombre moderno se adorna con estigmas como la apatía, la búsqueda de los placeres, la neurosis, la histeria, el hipnotismo, la morfinomanía, el charlatanismo científico o el schopenhauerismo (3).

Azorín escribe el Diario de un enfermo y el protagonista de éste cree estar loco. Pompeyo Gener edita Literaturas malsanas: estudio de patología literaria contemporánea (1894). En hispanoamérica nos topamos con obras como las novelas de Eugenio Cambaceres En la sangre (1887) y Sin rumbo (1885); Crónica de un pueblo enfermo (1896) del puertorriqueño Manuel Zeno Gandía; o Pueblo enfermo (1909) de Alcides Arguedas; por poner sólo unos ejemplos entre los muchos posibles (4).

A raíz del desastre el término regeneración no cesa de gritarse a diestro y siniestro en España, todo el mundo es consciente de una degeneración terminal, pero que forma parte de un contexto más amplio, en la línea de lo que sucede en Francia con obras como Essai sur les données inmédiates de la conscience (1889) o Matiére et Mémoire de Bergson.

Desde la publicación de 1890 de Los males de España de Lucas Mallada, que pone sobre la mesa los problemas de nuestro país y su diáfana decadencia, los regeneracionistas señalan la «enfermedad de España», «la necesidad de hallar un «diagnóstico», hablan de «remedios quirúrgicos», del «problema nacional» (Macías Picavea), señalan soluciones para nuestro retraso (reforestación, construcción de embalses, mejora de la educación,…). Se hacen diagnósticos, se señalan las secuelas de la enfermedad, se muestra la profilaxis, , y se recetan remedios como la educación según el modelo krausista.

Todo ello con una bibliografía europea en…

El artista enfermo: el caso dario. – Document – Gale OneFile: Informe Académico