{"id":165,"date":"2022-07-18T23:05:32","date_gmt":"2022-07-19T02:05:32","guid":{"rendered":"http:\/\/menendez.ar\/?p=165"},"modified":"2022-07-19T20:58:50","modified_gmt":"2022-07-19T23:58:50","slug":"jose-menendez-novella-y-leopoldo-lugones","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/2022\/07\/18\/jose-menendez-novella-y-leopoldo-lugones\/","title":{"rendered":"Jose Men\u00e9ndez Novella y Leopoldo Lugones"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00bb &#8230;..<\/p><p>Pasamos as\u00ed, un poco a zancadas, por la etapa lugoniana entre 1890 y 1896,<br>per\u00edodo muy singularmente intenso de su vida. Pero alli est\u00e1 la justificaci\u00f3n<br>de muchas de sus actitudes posteriores. Este muchacho de diecisiete a\u00f1os,<br>pertenece a una familia pobre, que vive en la orilla de un arrabal cordob\u00e9s,<br>y cuyos miembros no asoman en las instancias sociales y gubemativas con<br>el relieve de los n\u00facleos familiares de la clase dirigente que moviliza todos<br>los resortes de la provincia. Andador por la ciudad, embebido en las lecturas<br>del racionalismo, como \u00e9l dir\u00e1 luego, no tiene empacho en sumarse a los que<br>gritan \u201cla negaci\u00f3n de Dios. de la Patria, del Deber. . .\u201d y reconocer\u00e1 que \u201cfue<br>el error que muchos adoptamos en la adolescencia. . .\u201d Frente a las desigualdades sociales, se ha dicho que \u201cla savia pagana de sus ideas y la filosofia<br>de la \u00e9poca le proporcionaron las primeras hip\u00f3tesis de la soluci\u00f3n\u201d 1\u00b0.<br>Esa interrogaci\u00f3n a su esp\u00edritu, esa comprensi\u00f3n de la \u00e1cida realidad que<br>le rodea, y que otros insisten en no querer mirar, tiene sus gradaciones. Si los<br>p\u00e1lidos rastros de ense\u00f1anzas con sabor cristiano estaban en su alma, la pre\u0002sencia gru\u00f1ona de claras injusticias sociales le lleva a modificar su conducta.<br>El ni\u00f1o temeroso de Dios se transforma en el joven arrebatado que se exaspera<br>en el sector contrario. El agravio del resentimiento lo lleva a ubicarse en la<br>b\u00fasqueda casi desesperada de una desembocadura para los problemas de su<br>hora. Lo que otros callan, \u00e9l lo dice. Proclama en arrebatos po\u00e9ticos, lo que<br>diez a\u00f1os m\u00e1s tarde Juan Bialet Mass\u00e9 denunciar\u00e1 \u00e1speramente en su informe<br>sobre la clase obrera en el interior del pa\u00eds. Sin ser un trabajador manual<br>se unir\u00e1 a un grupo de ellos. Se acostumbra al gesto desabrido frente a una<br>sociedad pagada de sus oropeles de lujo y de sus infatuadas manifestaciones<br>de rancias genealogias, y a cuyo brillo \u00e9l tampoco escapar\u00e1, pasado cierto<br>tiempo, cuando est\u00e9 de regreso en muchas de sus ideas. El cristianismo en aquel<br>trance de la existencia de C\u00f3rdoba no es para \u00e9l una adecuada contestaci\u00f3n.<br>Su fogosidad juvenil agrede a todo cuanto tiene matiz dogm\u00e1tico. En las p\u00e1ginas<br>del diario La Patria, que Angel F. Avalos funda en 1894, se adiestra en el<br>periodismo y larga denuestos contra el presb\u00edtero Eleodoro Fierro, quien le<br>acusa criminalmente. Funda con Gonz\u00e1lez Luj\u00e1n el peri\u00f3dico El Pensamiento<br>Libre, en 1893. Lo convierte en cauce de su revuelta acci\u00f3n. Su tono convence<br>a no pocos. El 21 de setiembre de 1895, La Patria dir\u00e1:<br>Lugones est\u00e1 predestinado a ser una de las figuras m\u00e1s salientes de la generaci\u00f3n que se levanta. si contin\u00faa en el camino que se ha trazado, firme en sus ideas v en su fe. \u00a1r<\/p><p><br>9 Compilaci\u00f3n de leyes, decretos, etc\u00e9tera\u2026 de la provincia de C\u00f3rdoba. t. 20, p. 340,<br>C\u00f3rdoba, 1894.<br>10 AGUST\u00cdN D\u00cdAZ Braun\u2018, Leopoldo Lugones, g\u00e9nesis y proceso, C\u00f3rdoba. 1940.<\/p><p><br>Sigue publicando tambi\u00e9n en La Libertad sus art\u00edculos con el seud\u00f3nimo<br>de \u201cGil Paz\u201d. Suelta sus dardos contra los redactores de La Aurora, en 1894,<br>el cat\u00f3lico peri\u00f3dico de Jos\u00e9 Mar\u00eda V\u00e9lez. Se exaspera ante las apreciaciones<br>que Alfredo Men\u00e9ndez N ovella \u2014que firma con el seud\u00f3nimo de \u201cGil Guerra\u201d\u2014<br>hace sobre la fpndaci\u00f3n, en 1895, del \u201cCentro Socialista\u201d. La entidad la crea<br>Lugones. Est\u00e1n con \u00e9l Gonz\u00e1lez Luj\u00e1n, C\u00e9sar Nicoletto, Pedro Linossi, N\u00ed\u0002col\u00e1s Quaranta, Juan B. Gonz\u00e1lez y otros. Hasta su hermano Santiago, que<br>es casi un ni\u00f1o. Declara en La Libertad, que pertenece \u201cal gremio obrero, ya<br>que no cuento con otros medios de vida de los que pueden darme mis brazos<br>y mi cabeza . . .\u201d Ya el a\u00f1o anterior, La Patria a1 decir el 3 de julio que en la<br>calle Santa Rosa \u2014donde tiene su casa Lugones\u2014, se hab\u00eda establecido un club<br>socialista, reflexiona: \u201cC\u00f3rdoba no necesita esa escuela para ser\u201c desgraciado<br>y mucho menos para ser fel\u00edz\u201d. Y Lugones se trenz\u00f3 en una pol\u00e9mica ira\u0002cunda. Y apoya la huelga de los panaderos.<br>Le gusta probarse en el combate. No se detiene ante ning\u00fan reparo fami\u0002liar ni le importa que muchas puertas se le vayan cerrando en C\u00f3rdoba. En<br>su hogar tambi\u00e9n se enciende la controversia. Hasta por motivos econ\u00f3micos,<br>don Santiago se topa r\u00edspido con algunos parientes. Leopoldo, en 1895, se va a<br>una incipiente localidad cordobesa, San Francisco. Men\u00e9ndez Novella lo azuza<br>desde lejos. No se contiene. Publica dos cartas en La Patria. Una est\u00e1 firmada<br>el 19 de mayo, d\u00eda que le habr\u00e1 recordado el zipizape que arm\u00f3 en C\u00f3rdoba<br>pocos a\u00f1os antes. Y dice: \u201cQuiso un d\u00eda la suerte confinarme en esta Colonia,<br>entre coles y lechugas, trigos y linos; desde entonces di de mano a todas mis<br>tareas intelectuales\u201d. En efecto, fue a servir en una escriban\u00eda, pero recogi\u00f3<br>impresiones ambientales que reflejar\u00e1 bellamente cuando tenga que cantar a<br>los ganados y las mieses.<br>Las dos cartas son un espumarajo de rabia contra el clero, y con exaspe\u0002raci\u00f3n llamar\u00e1 a Men\u00e9ndez Novella, \u201calquil\u00f3n de oficio\u201d. Le largar\u00e1 una esto\u0002cada a fondo al proclamar:<br>Yo creo en el bien de ma\u00f1ana, soy un combatiente de la aurora, y, me gloria<br>de afirmarlo; ya tienen algo de qu\u00e9 agradecerme los oprimidos.<br>Y el esmirriado y juguet\u00f3n redactor de Los Principios le responder\u00e1 con<br>una poes\u00eda impregnada de corrosiva s\u00e1tira. Es otra de las veces que en el<br>rebote de sus mandobles, alguien lo zahiere. Le ocurrir\u00e1 tambi\u00e9n cuando re\u0002dacta su secci\u00f3n period\u00edstica titulada Asueto de los jueves. Armengol Tecera,<br>el punzante director de La Carcajada, le dir\u00e1 que se ha quedado en ayunas,<br>y agrega:<br>\u2026Y es claro que as\u00ed suceda, \/ porque escribe en tal estilo \/ que no puedo com\u0002prenderlo\/ por m\u00e1s que me despabilo.<br>Lo azuzar\u00e1 diciendo que prefiere un dolor de muelas a esas columnas<br>del diario:<br>. . . Y es claro, porque al fin, \/ el dolor de muelas pasa \/ y los asuetos aquellos \/ me<br>tienen enfermo, en casa\u2026<br>golpean con la burla. &#8216; Es un t\u00edpico recurso cordob\u00e9s: cuando no pueden tajearlo de frente, lo<br>108<br>Son los d\u00edas en que Lugones es asfixiado por el ambiente de C\u00f3rdoba.<br>Su socialismo, con fuertes sedimentos anarquistas, es intolerable para los c\u00edrcu\u0002los dominantes. Hasta el propio diario La Libertad, donde \u00e9l colabora, le<br>endilga tremendos guantazos y hace causa com\u00fan con Los Principios, vocero<br>del catolicismo y ligado estrechamente a la burgues\u00eda terrateniente y con los<br>personajes que manejan la industria y el comercio, sectores donde estaban pro\u0002vocando serias distorsiones las acometidas de los trabajadores. Su genio vivo,<br>encarador, no puede extra\u00f1ar. Cada raspadura la devuelve con un latigazo.<br>Junto a Lugones hay, entre otras, una palabra consejera de alguien que<br>ha sido su profesor monserratense y cuya amistad contin\u00faa: don Javier Laz\u0002cano Colodrero. Le ha guiado desde su iniciaci\u00f3n por los senderos literarios.<br>Como a Joaqu\u00edn V. Gonz\u00e1lez. Es conocido que escribi\u00f3 el pr\u00f3logo para el pri\u0002migenio libro de Lugones que nunca se public\u00f3, Primera Lira. Ese pr\u00f3logo<br>si se dio a conocer en La Prensa de Buenos Aires el 24 de octubre de 1894,<br>examin\u00e1ndose con agudeza la personalidad del joven poeta. Es la primera<br>menci\u00f3n de sus poes\u00edas en la capital de la rep\u00fablica. Lamentablemente, el<br>art\u00edculo qued\u00f3 perdido en un silencio de d\u00e9cadas. En cambio, se ha extremado<br>hasta la exageraci\u00f3n la carta que en febrero de 1896 le dio Carlos Romagosa,<br>admirado por la juventud liberal de C\u00f3rdoba, a Lugones cuando \u00e9ste decidi\u00f3<br>venir a Buenos Aires. Romagosa no hizo sino reiterar en mucho los conceptos<br>de Lazcano Colodrero. Pero hay m\u00e1s: cuando Lugones llega a la Capital Fe\u0002deral se desplaza r\u00e1pidamente en el terreno ideol\u00f3gico y literario, encontrando<br>f\u00e1cil camino. M\u00e1s all\u00e1 de los elogios contenidos en los dos documentos antes<br>mencionados el reci\u00e9n llegado ten\u00eda un aval imponderable que le abre, yo no<br>lo dudo, las puertas del diario La Naci\u00f3n, donde Roberto Payr\u00f3, socialista como<br>\u00e9l, entre otros, lo recibir\u00e1 con benepl\u00e1cito. Aquel pasaporte es el recuerdo de<br>alguien que fue redactor de vara alta en el diario de Mitre y goz\u00f3 de su pro\u0002tecci\u00f3n y est\u00edmulo. Era Benigno Lugones, t\u00edo de Leopoldo, el autor de Los<br>beduinos urbanos, fallecido en Par\u00eds en 1884. Fue la recordaci\u00f3n de aquel, sin<br>desmedro de las condiciones del poeta, algo realmente clave para que se lo<br>recibiera con inocultable afecto en la redacci\u00f3n de La Naci\u00f3n.<br>Aqu\u00ed se cierran estos primeros veintid\u00f3s a\u00f1os en la vida de Lugones. Mu\u0002chos de sus signos transmitieron su influjo al posterior camino. Santiago del<br>Estero y C\u00f3rdoba quedan como dos hitos imborrables. De esa \u00e9poca le llegaban<br>no pocas de sus costumbres, como las de pitar fuerte, levantarse \u2014-como dir\u00e1<br>a\u00f1os despu\u00e9s\u2014 \u201centre seis y media y siete de la ma\u00f1ana; tomar media docena<br>de mates, mientras leo el diario, y luego me pongo a trabajar\u2026\u201d 11 Esta<br>prieta relaci\u00f3n es apenas un apunte de lo mucho que puede decirse de ese<br>tramo de la existencia lugoniana. Alli quedaron las ra\u00edces de su genio indo\u0002mable, de su contrariedad irritable ante la injusticia social, su impresionante<br>capacidad de trabajo, su inspiraci\u00f3n de encendida belleza y el febril acento de<br>sus pasiones. Sobre todo, nos ayud\u00f3 a ubicarlo en el paisaje que \u00e9l am\u00f3, y<br>c\u00f3mo a pesar de los prejuicios, los atajos y las inclemencias que lo quisieron<br>sacudir hasta tumbarlo, de all\u00ed arranc\u00f3 esa gran palabra suya, trascendente<br>y total.<\/p><p><br>11 Con Leopoldo Lugones, Caras y Caretas, a\u00f1o XIX, Buenos Aires, 30 de setiem\u0002bre de 1916.<br>10<\/p><cite>&#8230;. \u00ab<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/jmmc\/Desktop\/info%20menendez\/BaANH47985_Bolet%C3%ADn_de_la_Academia_Nacional_de_la_Historia_XLIX_1976.pdf\">BaANH47985_Bolet\u00edn_de_la_Academia_Nacional_de_la_Historia_XLIX_1976.pdf<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" 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(sentado a la derecha), quien era tan peque\u00f1o como grandes sus creaciones que divirtieron a los lectores de 1900.<br><br>Efra\u00edn U. Bischoff<br><br>Especial<br><br>Gil Guerra\u201d. \u00bfY qui\u00e9n era el periodista de hace una centuria que con escudo de ese seud\u00f3nimo escond\u00eda su verdadero apelativo?&#8230; Jos\u00e9 Men\u00e9ndez Novella, un espa\u00f1ol de esmirriado cuerpo pero de jocundo esp\u00edritu. Y nada digamos de su manera de enfocar los asuntos que se le pon\u00edan a tiro. Sus perdigonadas eran para voltear al enemigo m\u00e1s audaz, claro que haciendo revolotear una bandada de sonrisas para entretener a sus lectores.<br><br>Su biograf\u00eda tiene matices insuperables, pero no la hemos de abordar y simplemente digamos que en esta C\u00f3rdoba dej\u00f3 los rastros de su personalidad juguetona y mordaz, puesto que a \u00e9l le agradaba ese estilo y era de temerle cuando asum\u00eda seriedad.<br><br>Luego de haber recalado en nuestra ciudad y de estar dispuesto a ganarse honradamente la vida, se meti\u00f3 en las columnas period\u00edsticas y con el apodo de \u201cLe\u00f3n Floch\u201d estuvo en un diario de Antonio Rodr\u00edguez del Busto, en 1890. M\u00e1s tarde se pas\u00f3 a la publicaci\u00f3n de los \u201cC\u00edvicos\u201d, La Libertad, para luego ser uno de los incorporados a la redacci\u00f3n del nuevo diario Los Principios, que sali\u00f3 en 1894. Adem\u00e1s de notas de diverso car\u00e1cter tuvo la ocurrencia de inventar una secci\u00f3n titulada \u201cDimes y diretes\u201d, donde en verso libre comentaba los temas m\u00e1s dispares, enarbolando siempre su buen humor.<br><br>Esto de colaborar en publicaciones de variada fibra ideol\u00f3gica, le dio motivo a Leopoldo Lugones, cuyo modo de despistar su presencia era llam\u00e1ndose \u201cGil Paz\u201d, para calificar en una oportunidad a Men\u00e9ndez Novella como \u201calquil\u00f3n de oficio\u201d, anotaci\u00f3n que tuvo la r\u00e9plica que es de imaginar&#8230;<br><br>De la suerte<br><br>No nos hagamos problemas con la cronolog\u00eda en esto que anhela ser un amable recuerdo de una lejana imagen de la prensa mediterr\u00e1nea. Tomemos, pues, al azar. Y el 20 de enero de 1899, bajo el t\u00edtulo \u201cLa suerte ciega\u201d, encontramos esta nota:<br><br><br><br>\u201c&#8230; Yo soy Merl\u00edn, aquel que las historias<br><br>dicen que tuvo por su padre al diablo,<br><br>y como hombre de seso y de experiencia,<br><br>debes hacerme caso y echar la loter\u00eda a paseo Pifartos.<br><br>\u201cLa suerte es ciega, como saben todos,<br><br>inclusive los sabios.<br><br>Y ning\u00fan zascandil hizo fortuna<br><br>con n\u00fameros lot\u00e9ricos ganados.<br><br>No hay mejor Loter\u00eda, mi querido hijo,<br><br>o nieto, que el trabajo.<br><br>\u201cTu padre, como t\u00fa en la Loter\u00eda<br><br>cre\u00eda necio y c\u00e1ndido<br><br>y compraba billetes y billetes<br><br>siempre del mismo n\u00famero<br><br>durante dieciocho a\u00f1os.<br><br>El n\u00famero elegido por tu padre,<br><br>era el 6534;<br><br>pues bien, ni una sola vez ,<br><br>premi\u00f3se en dieciocho a\u00f1os\u201d.<br><br><br><br>Cuenta luego Men\u00e9ndez Novella (en este caso Gil Guerra) que el hombre cay\u00f3 enfermo y el m\u00e9dico dijo que morir\u00eda sin remedio, y el relato sigue as\u00ed:<br><br><br><br>\u201cCuando vinieron a ofrecer su n\u00famero,<br><br>que era el 6534,<br><br>no quisimos ninguno comprarlo.<br><br>Pues bien, a los tres d\u00edas,<br><br>al hacerse el sorteo,<br><br>vimos que hab\u00eda sido aquel billete<br><br>el mayor premiado.<br><br>Oh, iron\u00edas malditas de la suerte<br><br>hija ciega y malvada del acaso&#8230;\u201d.<br><br>Pausa. El chico mirando al abuelito.<br><br>un rato se qued\u00f3 reflexionando.<br><br>\u00bfDe qu\u00e9 edad muri\u00f3 pap\u00e1?&#8230;<br><br>De treinta y seis y meses.<br><br>Pues \u00e9l tuvo la culpa<br><br>de que el premio mayor no le ha tocado.<br><br>Si empezado hubiera \u00e9l a jugar la Loter\u00eda<br><br>a los catorce a\u00f1os,<br><br>cuatro a\u00f1os antes de morirse,<br><br>es evidente que le hubiese tocado.<br><br>Por eso quiero yo empezar ahora<br><br>aunque soy tan muchacho.<br><br>Y Gede\u00f3n qued\u00f3 como un babieca,<br><br>p\u00e1lido, estupefacto,<br><br>sin saber contestar y \u00e9l presum\u00eda<br><br>nada menos que ser hijo del diablo\u201d.<br><br><br><br>De pol\u00edticos<br><br>Por aquellos d\u00edas del 1900, el doctor Carlos Pellegrini hab\u00eda emprendido viaje a Europa, embarc\u00e1ndose en el puerto de La Plata y ante sus correligionarios que fueron a despedirlo, declar\u00f3 que iba a Par\u00eds para recorrer la gran exposici\u00f3n que se realizaba.<br><br>\u201cGil Guerra\u201d no pudo con su genio, y endilg\u00f3 el 19 de agosto de 1900, este \u201cDimes y diretes\u201d:<br><br><br><br>\u201cSe march\u00f3 Pellegrini al otro mundo,<br><br>aunque no se muri\u00f3;<br><br>quise decir que se ha marchado a Europa<br><br>creo que a visitar la Exposici\u00f3n;<br><br>y al partir ha dejado a sus amigos<br><br>expuestos a los golpes de calor,<br><br>vale decir a las insolaciones<br><br>que as\u00ed debe decirse en espa\u00f1ol<br><br>\u00bfQu\u00e9 har\u00e1n esos amigos sin el leader (sic)<br><br>que les prestaba apoyo y protecci\u00f3n?<br><br>\u00bfQu\u00e9 har\u00e1n estando ausente Pellegrini,<br><br>que es para ellos el sol?\u201d<br><br><br><br>Y enseguida escrib\u00eda \u201cGil Guerra\u201d:<br><br><br><br>\u201c\u00bfQu\u00e9 har\u00e1n?&#8230;<br><br>Pues mesarse los cabellos doloridos<br><br>y ahogarse de aflicci\u00f3n<br><br>y mirando a La Plata decir tristes:<br><br>\u00a1Por all\u00e1 se parti\u00f3!&#8230;<br><br>Pero, ay, que los partidos ser\u00e1n ellos<br><br>y no por gala en dos.<br><br>Llorad, tristes mujeres de Judea,<br><br>con el llanto amenguad vuestro dolor.<br><br>Llorad, vacunos de curtido rostro<br><br>pues se march\u00f3 el Sant\u00f3n &#8230;<br><br>Resuenen en los aires por doquiera<br><br>los ecos, ay, de pla\u00f1idera voz,<br><br>que al mirar a La Plata entre sollozos<br><br>gima: por all\u00ed parti\u00f3<br><br>Feliz en su dolor el que ha podido<br><br>bajar a despedirlo a la estaci\u00f3n<br><br>y agitando el pa\u00f1uelo de batista<br><br>dijo el gran hombre: adi\u00f3s, adi\u00f3s, adi\u00f3s&#8230;<br><br>Vuelva pronto al regazo de la Patria<br><br>que gime por su ausencia con dolor,<br><br>el estadista Insigne,<br><br>el de las liebres<br><br>financieras ilustre guiador,<br><br>despu\u00e9s de visitar tranquilamente<br><br>en Par\u00eds a la gran Exposici\u00f3n!\u201d.<br><br><br><br>No debi\u00f3 ser \u201cGil Guerra\u201d hombre de aplaudir al doctor Pellegrini y como poco le costaba entrelazar las rimas, larg\u00f3 ese ca\u00f1onazo de muy aguda iron\u00eda.<br><br>Un duelo<br><br>Pero a nosotros no nos queda otro camino que seguir hojeando viejas p\u00e1ginas amarillentas para encontrar otro de los \u201cDimes y diretes\u201d de este periodista. Y con suerte encontramos el 2 de mayo de 1901, uno que dice de este modo:<br><br><br><br>\u201cHa ocurrido una vez, no importa d\u00f3nde,<br><br>en cierto lugar, no importa cu\u00e1ndo<br><br>seg\u00fan comunica la cr\u00f3nica de un diario,<br><br>que dos j\u00f3venes de bien, de gran coraje,<br><br>pero de pocos a\u00f1os<br><br>por cuesti\u00f3n de las faldas de un ni\u00f1a<br><br>que en aquella ocasi\u00f3n no iba a\u00fan de largo,<br><br>buscaron sus padrinos,<br><br>aunque a la fecha estaban bautizados,<br><br>y decidieron concertar un duelo:<br><br>\u00a1un duelo a pu\u00f1etazos!<br><br>El cronista refiere seriamente<br><br>ser duelo sin patadas,<br><br>rev\u00f3lveres, sables, palos,<br><br>Se fueron al terreno los duelistas<br><br>de los cuatro padrinos muy ufanos,<br><br>contando entre los seis pr\u00f3ximamente<br><br>unos noventa a\u00f1os\u201d.<br><br><br><br>Contin\u00faa \u201cGil Guerra\u201d describiendo momentos del lance y en cierto instante hubo una patada y un bofet\u00f3n debiendo intervenir los padrinos para arreglar el entredicho que amenazaba con subir de tono. Y a\u00f1ade:<br><br><br><br>\u00ab&#8230;De nuevo dio principio el gran embate<br><br>por cuesti\u00f3n de las faldas de una ni\u00f1a<br><br>que no vest\u00eda entonces a\u00fan de largo.<br><br>Uno y otro duelista, uno y otro muchacho,<br><br>se pusieron las caras como brevas<br><br>a pura trompada, pero viendo uno de ellos<br><br>que estaba por vencerlo su contrario<br><br>le solt\u00f3 una patada fuerte y ruda,<br><br>que lo tumb\u00f3 de espaldas a lo largo.<br><br>Entonces los padrinos protestaron,<br><br>y aunque viendo las cosas muy mal dadas,<br><br>los cuatro que serv\u00edan de testigos<br><br>corrieron, lo alcanzaron,<br><br>y le dieron tal tanda de cachetes<br><br>una \u2019capota\u2019 tal que ni en un a\u00f1o<br><br>se va a olvidar aquel de la patada<br><br>de suceso tan triste y tan bizarro\u201d.<br><br><br><br>Y as\u00ed, por a\u00f1os, \u201cGil Guerra\u201d, o Jos\u00e9 Men\u00e9ndez Novella, fue atracci\u00f3n para los lectores. Con envidiado gracejo iba teniendo como motivos de inspiraci\u00f3n aconteceres de aquellos d\u00edas, como tambi\u00e9n a personajes que anclaban por la ciudad cordobesa. Convengamos que en ello hac\u00eda competencia a Armengol Tecera, quien con su periodiqu\u00edn La carcajada llegaba desde 1871 desparramando el m\u00e1s leg\u00edtimo humor del mundo, hasta que en 1905 debi\u00f3 poner sus amas en pabell\u00f3n.<br><br>Men\u00e9ndez Novella continu\u00f3 con su labor de forjar una constante promoci\u00f3n de sonrisas y de \u201ctomar el pelo\u201d como dec\u00edan los aguantadores de sus cr\u00f3nicas rimadas, a los abogados, a los artistas, a los enamorados, etc\u00e9tera. Menos al obispo, no fuera a ser que lo fulminara con la excomuni\u00f3n y entonces adi\u00f3s sus \u201cDimes y diretes\u201d, y nosotros no habr\u00edamos podido evocar a tan simp\u00e1tico personaje del ayer.<br><br><\/td><\/tr><\/tbody><\/table><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bb &#8230;.. Pasamos as\u00ed, un poco a zancadas, por la etapa lugoniana entre 1890 y 1896,per\u00edodo muy singularmente intenso de su vida. Pero alli est\u00e1 la justificaci\u00f3nde muchas de sus actitudes posteriores. Este muchacho de diecisiete a\u00f1os,pertenece a una familia pobre, que vive en la orilla de un arrabal cordob\u00e9s,y cuyos miembros no asoman en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-165","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-jose-menendez-novella"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/165","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=165"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/165\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":343,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/165\/revisions\/343"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=165"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=165"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/menendez.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=165"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}